La portavoz del grupo asegura que el maltrato a perros, ganado y aves no deja de crecer y critica la pasividad de las instituciones y una legislación «insuficiente»
EIVISSA | RAQUEL SÁNCHEZ La portavoz de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA) en Eivissa, Nora Rotusney, asegura que los casos de malos tratos a animales no dejan de aumentar y advierte de que se siente incapaz de atender todas las denuncias que le llegan.
Rotusney considera que las situaciones que pueden considerarse como un abuso hacia los animales en la isla son muy numerosas y enumera ejemplos de perros atados de por vida que acaban enfermando de lesihmaniosis, filariasis y artrosis, de animales encerrados en un semisótano rodeados por sus propios excrementos o de reclusiones en habitáculos oscuros hasta el punto de que el can ha llegado a perder la vida. Y los perros no son los únicos en sufrir este tipo de abusos. ADDA denuncia que abundan los casos de aves encerradas en jaulas en las que no pueden siquiera abrir las alas y otras sometidas a dietas inadecuadas que les hacen perder el plumaje: «Hay especies de aves y razas de perros que nunca deberían haber sido introducidas en Eivisa. El podenco es el único animal de raza canina que presenta un alto grado de defensa contra enfermedades como la lesihmaniosis, aunque también se trata de una especie que fue introducida y en su época de adaptación sufrió».
La costumbre todavía arraigada de atar las patas al ganado o de atar una pata a la boca para impedir que se alimente es otra de las situaciones criticadas por Rotussney, como el alquiler de burros para su explotación turística.
La portavoz de esta asociación se muestra también crítica con las perreras, centros que a su entender no deberían existir «porque son estancos donde la mercancía se encuentra almacenada y no puedes sacarla sin pagar la tasa que exige el gobierno, no queremos material vivo estancado. Que se abran grandes perreras es señal de que algo funciona mal en la sociedad. No es que el dueño de estos animales haya muerto súbitamente, simplemente se cansan de ellos y los tiran. Y la existencia de perreras favorece los abandonos porque los dueños piensan que van a estar bien y tienen menos remordimientos a la hora de deshacerse de ellos». Además, Rotussney considera que vivir bajo vigilancia impide a los animales aprender a defenderse por sí mismos y son mucho más vulnerables, por ejemplo, por las noches, cuando los centros carecen de guardia nocturno que los proteja. Otro inconveniente denunciado desde esta organización es que los animales son entregados a quien los solicita sin asegurarse de que es una persona preparada para hacerse cargo de ellos.
ADDA anima a los ayuntamientos a apoyar a los centros que en su gestión no están sujetos a las leyes del mercado, «a las asociaciones protectoras de animales legalmente constituidas que están buscando solares para ofrecer un lugar a los perros, pero nunca de manera permanente».
Las condiciones en las que los animales son transportados hasta la isla han llevado a sus defensores a hablar de «fallo legislativo». «No debe permitirse jamás que un animal no acompañado por una persona viaje solo en la bodega, el gobierno debe controlar ese aspecto y denunciar a las compañías. Que avisen a los pasajeros de que no aceptan animales o que los acepten viajen donde viajen. No existe legislación específica sobre perros y gatos, así que deberían poder viajar en el puente dentro de su jaula junto a su amo», argumenta.
7 meses
Son los necesarios para que un español o un extranjero que haya comprado una mascota aquí pueda llevársela al Reino Unido. (Diariodeibiza.es, 04.05.2009)
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